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El discurso de los organizadores de una exposición suele ser que estarían encantados de contar con nuestra participación, que a pesar del momento difícil que vivimos afrontan el proyecto con gran ilusión, que esperan que tú compartas esa misma ilusión, que para nuestro beneficio y con gran esfuerzo se editará un buen catálogo, que los textos del catálogo serán escritos por varios reconocidos críticos de arte, que a pesar de tratarse de una exposición colectiva  tu obra tendrá difusión y visibilidad en prensa y redes, que si aceptas contarán contigo para futuros proyectos, que tu obra se verá realzada y revalorizada al poder contemplarse en lugares emblemáticos, que posiblemente la exposición viaje a varias ciudades, que un seguro cubrirá tu obra caso de que sufriera algún desperfecto, que la obra la recogerán en tu taller y no tendrás que preocuparte por nada, sólo préstanosla a cambio de…nada. Pero te estaremos muy agradecidos. En definitiva, si decides aceptar estas condiciones habrás pagado por trabajar.

¿Por qué habrás pagado por trabajar?

Habrás pagado por trabajar porque la obra que prestes será resultado de numerosas horas de trabajo invertidas en la ejecución de la misma, será resultado de tus conocimientos adquiridos a través de años de estudio y formación conseguidos con dinero y esfuerzo, y por descontado será resultado de una implicación emocional e intelectual. Será también resultado del pago del alquiler de un estudio o taller, del pago de la luz para enchufar el ordenador o el flexo, y del pago del agua para limpiar los pinceles, y del pago de la comunidad y los impuestos correspondientes, de la compra de los diversos materiales que te hicieran falta para realizar tu obra (ordenador, cámara, lienzos, libretas, pinceles, telas, pinturas, papeles, etc.) los cuales también te habrán costado dinero, de la compra y mantenimiento de la infraestructura permanente que compone tu lugar de trabajo(caballetes, mobiliario de taller, lámparas, herramientas, etc.), del pago de una cuota de autónomo si en el mejor de los casos ganas bastante como para darte de alta, etc. En conclusión, tu obra costó dinero y no se creó espontáneamente por inspiración divina. Inspiración hubo, sí, pero tampoco se te pagó.

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“El artista es el primer responsable en exigir una remuneración, dado  que nadie mejor que él conoce el valor de su trabajo.” p.15 del Manual de las Buenas Prácticas en las Artes Visuales

Así pues, ¿qué sucede en la Comunidad Valenciana?

Actualmente las Instituciones Valencianas (Consorcio de Museos, la Diputación de Valencia y los Ayuntamientos) han extendido y normalizado la mala práctica de dar un trato discriminatorio a los artistas visuales, práctica que por supuesto viola los derechos de los artistas visuales, perfectamente explicados y desglosados en el Manual de las Buenas Prácticas en las Artes Visuales aprobado por el Ministerio de Cultura.  Las Salas de Exposiciones y Museos a cargo de estas Instituciones están abusando del trabajo de los artistas, considerándolos menos profesionales que los diseñadores del catálogo, los comisarios de las exposiciones o los transportistas de las obras, por poner algunos ejemplos, los cuales sí cobran por los servicios prestados.  Este trato de desigualdad, y en especial viniendo de la institución pública, es inadmisible cuando además desde la secretaría de cultura y el corazón del propio Consorcio de Museos se ha reconocido el derecho y obligación de la institución de remunerar a los artistas.  No se entiende que a estas alturas todos los agentes implicados, exceptuando los artistas que producen el contenido expositivo, cobren por su trabajo o préstamo de servicios. Siendo una de las obligaciones de los responsables de las Instituciones la de hacer sostenible el tejido creativo y cultural de su ámbito geográfico, resulta escandaloso el incumplimiento de unos mínimos de igualdad en un colectivo tan productivo y extenso como el de los artistas en la Comunidad Valenciana.   En una institución pública pagada con dinero de todos los contribuyentes no puede haber distinciones entre unos trabajadores y otros. No podemos asumir que exhibir en un museo sea una recompensa, si no deberíamos asumir también que toda la plantilla que trabaja en ese museo, así mismo como la imprenta que hace los catálogos, diseñadores, fotógrafos, montadores, transportistas, etc. deberían de sentirse pagados por el prestigio que supone trabajar para esa Institución.  Esta es una situación insólita que no se da en ningún ámbito laboral.

Hay por lo tanto que dar la voz de alarma y dar a conocer esta situación, especialmente entre los artistas vulnerables y susceptibles de aceptar estas condiciones, que por su buena voluntad colaborativa y precariedad laboral a veces se prestarán a aceptar estas condiciones, lo cual acaba sin dar resultados positivos que repercutan en su trayectoria artística.  Más bien sucede todo lo contrario debido a que, aceptando estas condiciones, su consideración profesional se rebaja y reduce hasta ser prácticamente ninguneado y considerado un eslabón insignificante y gratuito, de usar y tirar. Siendo que, en realidad, es el eslabón más importante de la cadena, el único sin el cual no es posible el arte, aparte del espectador.

Estas instituciones, dada la facilidad para obtener contenidos gratuitos para exposiciones colectivas de ésta índole, se frotan las manos ante un horizonte de artistas desconocedores de sus derechos y  ávidos de visibilidad en salas y museos ante la esperanza de obtener reconocimiento y de poner fin a su precariedad profesional.  Sin embargo, cortar con esa precariedad empieza por asumir que ceder una obra sin ninguna remuneración económica a cambio implica un trato de extrema desigualdad.  Nuestra profesión como artistas no es completa si no se asume que lo natural y sano es que la institución realice el pago en concepto de alquiler por la/s obra/s prestada/s. Igual que ninguna empresa presta, por ejemplo, un coche gratis, no es concebible que un artista ceda su obra de manera gratuita. Lo queramos o no, a ojos de la administración Tributaria el artista es un sujeto de relaciones comerciales que realiza una actividad económica, sin que a esa administración le interese ningún otro aspecto de su actividad artística.

¿Remuneración para todos menos para los artistas?

Existen unas partidas presupuestarias nada desdeñables, a pesar del expolio y pésima gestión de los fondos públicos, destinadas a generar contenidos culturales para el consumo y disfrute de la ciudadanía.  Estas partidas se reparten de manera opaca sin dar a conocer a los profesionales o el público el total destinado a cada proyecto expositivo.  Es perfectamente lícito pedirlas y poder acceder a ellas, pero la dinámica habitual es la de ocultarlas.  Pues bien, el pago por préstamo de obra no implica  aumentar el presupuesto destinado, si no repartirlo de manera justa, equitativa y rigurosa.  Así pues lo lógico sería dar prioridad al pago por el alquiler de las obras expuestas que, por poner un ejemplo, al diseño e impresión de engordados catálogos (pudiéndose editar catálogos digitales, práctica muy común en el resto de Europa).

Lo principal  es cómo se administran los presupuestos, y de momento y en la mayoría de las ocasiones, no hacen falta expertos para constatar que no se está haciendo nada bien.  A pesar de que estas instituciones tienen la obligación de hacer sostenible nuestro actual tejido cultural, la realidad es que gran parte de los presupuestos se destinan a exposiciones que poco o nada promocionan el arte contemporáneo valenciano, y las pocas que se dan, en la gran mayoría de los casos, son posibles gracias a la ingenua generosidad de muchos de los artistas.

Cabe destacar sin embargo que en ocasiones aisladas, y por presión del colectivo de artistas y la buena voluntad de su comisario, Rafael Gil, en el caso de la exposición 100% valencianos, Cartografías de la creatividad sí se pagó un concepto de alquiler por el préstamo de las obras.  Y también, en el caso de la exposición celebrada en las Atarazanas, titulada Puntas de Flecha, el propio comisario, Jose Luis Pérez Pont, ya contó como parte del presupuesto la remuneración para los artistas.  Estas exposiciones son un buen ejemplo de la aplicación de las buenas prácticas y no debe seguir siendo un hecho aislado en nuestra Comunidad, puesto que el ejemplo demuestra que cuando se quiere se puede.

¿Qué se puede hacer?

Después de todo lo expuesto podemos concluir que es trabajo de todos, responsables de las instituciones y productores culturales (artistas), poner de nuestra parte para hacer de la escena cultural valenciana un ecosistema más saludable y enriquecedor en el cual se trate en condición de igualdad a todos los implicados en cualquier proyecto expositivo, sin excepción.  Los responsables de las instituciones tienen la responsabilidad y obligación de dialogar, escuchar y colaborar con los profesionales del sector, y los creadores tienen la responsabilidad y obligación de hacer valer sus derechos y reivindicar siempre una justa remuneración por su trabajo. Sólo así podremos sanear y reestructurar una parte del panorama de las artes en la Comunidad Valenciana.  De poco o nada sirven las exposiciones que coincidiendo con el 8 de marzo reivindican la presencia de la figura de la mujer en el arte, si  de base no existe un trato de igualdad para con los artistas, independientemente de su género, situación doblemente grave si tenemos en cuenta que a estas trabajadoras no se les ha remunerado por su trabajo, en un giro de puro maquiavelismo institucional en el que se utiliza a la mujer como campaña publicitaria gratuita sin atender al verdadero problema de su discriminación laboral. Terminaremos este artículo citando un extracto del Manual de las Buenas Prácticas en las Artes Visuales editado por la Unión de Asociaciones de Artistas Visuales, p.20: (…) o el creador asume de forma individual y colectiva que debe reconducir la situación y tomar conciencia de la importancia de conocer sus derechos y los mecanismos para protegerlos, o continuará en una clara situación de debilidad frente al resto de agentes que intervienen en el mercado cultural.”

¿y qué hay del contrato?

Para no hacer este artículo demasiado largo añadiremos que es imperativa la firma de un contrato con el centro o espacio de arte donde se vaya a realizar la exposición.  No sería válida una simple hoja de cesión de obra.  Aquí ponemos a vuestra disposición el modelo de contrato para cesión de obra preexistente del Manual de las Buenas Prácticas en las Artes Visuales: cesion-obra-preexistente.  Para comodidad de los espacios de arte, fácilmente recurrirán a la hoja de cesión evitándose así el trabajo de formalizar un contrato adecuado.  Es por ello que de nuevo será trabajo del artista recordarles la necesidad de obligarse a firmar un contrato donde ambas partes entiendan a qué se comprometen y exponen en caso de incumplimiento.  Si necesitas ayuda, apoyo y/o asesoramiento no dudes en contactar con la Asociación de Artistas Visuales de tu comunidad autónoma.

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